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Muerte y memoria del Siervo de Dios Fray Antonio Alcalde

José Manuel Gutiérrez Alvizo[1]

 

 

Al tiempo que se cumplen 230 años de la muerte de Fray Antonio Alcalde,

por vez primera se pasan a letras de molde los instrumentos públicos

relativos a su sepulcro y fama de santidad, que este año 2022

revisten especial interés respecto al lanzamiento de un calendario

que a partir del 2023 servirá para que las instituciones

que le reconocen como su especial inspirador,

actualicen la memoria de su legado.

 

 

Porque la gratitud de un pueblo no se extingue,

y es imperecedera la memoria del justo

Luis Pérez Verdía

 

1.    Un episcopado largo y transparente

 

Uno de los episcopados más largos de la historia de casi 500 años de la Iglesia en Guadalajara es el del Siervo de Dios Fray Antonio Alcalde, que abarcó los 21 años que van de 1771 a 1792.

Su presentación como xxii obispo tapatío la firmó el rey Carlos iii en Aranjuez el 20 de mayo de 1771,[2] aunque surtiendo efectos jurídicos apenas se tuviera noticia de ello en la diócesis, en el Cabildo catedralicio tapatío en este caso, al cual se instruía para que “interín obtiene y recibe dicho Ilustrísimo Señor las bulas de Su Santidad se le deje ejercer el gobierno de esta iglesia catedral y administrar las cosas de este obispado, dando poder para que ejecute y practique todas las que tocan en sede vacante al Cabildo”.[3]

En tanto tomaba posesión de su sede, hallándose aun en las sesiones del iv Concilio Provincial Mexicano en la capital de la Nueva España, el obispo dominico invistió como su procurador al Maestrescuela don Manuel Colomos Larreátegui,[4]

 

el cual se presentó ante los señores principales y oidores de la Real Audiencia […] puestos en pie y destocados de sus bonetes, tomaron en sus manos la referida Real Cédula, besaron y pusieron sobre sus cabezas como a carta de nuestro Rey y Señor natural (que Dios guarde), dijeron que la obedecían y obedecieron […] y [ordenaron] se dé testimonio de este escrito y auto y se le devuelvan los instrumentos presentados al apoderado de Su Ilustrísima, y habiendo pasado a conferir sobre la persona que ha de pasar a la ciudad de México a cumplimentar a Su Señoría Ilustrísima según ha sido costumbre en esta Santa Iglesia, nombraron para este efecto al bachiller don Francisco Esteban Morales, clérigo presbítero domiciliario de este Obispado.[5]

 

Se tiene la noticia que el 12 de diciembre siguiente el electo estaba ya en la villa de San Pedro Tlaquepaque, y dos días después, el 14, tomó posesión de su cátedra, con lo que pudo, en tanto recibía la bula que le investía como sucesor de los apóstoles para esta Iglesia, solicitar un despacho al Consejo de Indias que le facultara para “poner provisores, vicarios y otros oficiales en su vista”.[6]

En respuesta a lo anterior, el 15 de marzo de 1772, el Rey libró un despacho a favor del Obispo Alcalde, para que dispusiese, según su competencia, de las rentas, los frutos y demás emolumentos que le correspondían a su oficio, y del mismo modo para nombrar administradores en su nombre para la obtención de los bienes monetarios, a cambio de dar parte a la Corona de todas estas diligencias, conforme a las disposiciones del Real Patronato, y apelando a toda la extensión que en ese momento se daba a tal privilegio:

 

os ordeno y mando a todos y cada uno de los que reconociendo las bulas originales o su traslado autorizado en forma jurídica observáis su tenor, dando y haciendo dar al expresado don Fray Antonio Alcalde la posesión del referido Obispado, y le tengáis por tal Obispo y Prelado de él y le dejéis hacer su oficio pastoral, y que use y ejerza su jurisdicción por sí y por sus vicarías en aquellas casas y cosas que según derecho y las bulas pontificias y leyes de mis reinos lo puede y debe ejecutar, y que se le acuda con los frutos, rentas, diezmos y todas las demás cosas que le pertenecieran conforme a su erección y a la orden que está dada.[7]

 

Con lo cual quedó en manos de Fray Antonio la responsabilidad de la administrar las copiosísimas rentas de su diócesis, oficio que sabemos de sobra ejerció con singular laboriosidad y transparencia, de modo que, a su tiempo, hizo efectivo el envío del correspondiente 18 % del total de los emolumentos al monarca,[8] siendo así que, para el 20 de julio de 1772, el Obispo Alcalde hizo entrar en la real caja 526 pesos, 3 tomines y 6 granos correspondientes al gravamen porcentual del Rey. Es decir, teniendo apenas un semestre como Obispo efectivo, había recolectado 3 450 pesos, 5 tomines, y 2 granos correspondientes a la mesada eclesiástica.[9] Esa intachable administración la llevó a cabo hasta su muerte, acontecida el 7 de agosto de 1792.

 

2.    La muerte y el cortejo fúnebre del Obispo Alcalde

 

En el palacio episcopal, “en medio de oraciones y del llanto de cuantos lo rodeaban, el Ilustrísimo Sr. D. Fr. Antonio Alcalde a las cuatro de la mañana del martes siete de agosto de 1792, alzó las manos al cielo, balbutió [sic.] una plegaria y entregó a Dios su espíritu, a la edad de noventa y un años, cuatro meses y veintidós días”.[10] Con estas palabras, el joven historiador Luis Pérez Verdía componía el transito terrenal del obispo que consignó en la biografía del ilustre prelado, obra ganadora del concurso literario en los festejos del I Centenario de la muerte de fray Antonio Alcalde.

La muerte del prelado fue un acontecimiento sentidísimo y trascendente para la sociedad tapatía, incluso fue anunciado en la Gazeta de Mexico, el principal órgano de información periódica de la Nueva España. Lo consignado en esta publicación es, sin desperdicio alguno, información formidable para el lector:

 

Guadalajara, Agosto 12.

El día 7, a las cuatro de la mañana, falleció de edad de 91 años, 4 meses y 22 días el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Maestro D. Fray Antonio Alcalde y Barriga, del sagrado Orden de los Predicadores, dignísimo Obispo de esta Diócesis, cuya fatal noticia se dio al público la misma mañana, en que comenzando a tocar la vacante por espacio de 24 horas; terminó el siguiente día con el número de cien campanadas, e inmediatamente que se dio la última se echó el doble general por una hora en todas las iglesias de la ciudad.

El día 8, embalsamado ya el cadáver y revestido con las sagradas vestiduras pontificales, puesto en el salón de su palacio bajo de un dosel de terciopelo sobre cojines del mismo, con todo el aparato y pompa correspondientes, comenzaron las sagradas comunidades de religiosos por sus turnos a cantar cada una su Oficio y Misa de Requiem, celebrándose igualmente muchas rezadas en el propio salón esta mañana y la siguiente.

El 9 por la tarde, concluido el Oficio de Difuntos por el V. Cabildo y Coro de la catedral, se ordenó el acompañamiento desde el palacio episcopal para la parroquia y Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe (de quien fue S. I. fundador y patrono), donde se debía sepultar con arreglo a su última voluntad.

Comenzó por las cofradías, a que seguían las terceras órdenes, Santo Domingo, y San Francisco, con sus estandartes y cruces y vela en mano. Luego las sagradas religiones de belemitas, San Juan de Dios, mercedarios, carmelitas, agustinos, franciscanos, dominicos. Seguía el colegio seminario arrastrando becas, con su rector de hábitos de bayeta, luego numeroso clero con sobrepelliz, y la familia de Su Ilustrísima y oficiales de las curias con luto riguroso. Seguía el coro de la Santa Iglesia Catedral, entre cuyos individuos iban los que llevaban mitra y báculo, terminando el cuerpo eclesiástico con el venerable Cabildo, que llevaba el cadáver en un féretro rico de terciopelo negro, turnándose a cargarlo el clero y sagradas religiones. A continuación, el cuerpo de la ciudad con sus masas enlutadas, y un crecido número de personas distinguidas incorporadas en él, inmediatamente seguían los señores ministros de la Real Hacienda y Real Audiencia, todos con hachas de cera en mano, y últimamente las milicias provinciales con cajas y armas a la funerala, cerrándolo todo la estufa de Su Ilustrísima perfectamente cubierta de bayetas, y sus lacayos.

En el intermedio de las calles del tránsito se dispusieron varias camas colgadas de seda y con doce hachas, para hacer posa con solemne responso.

Llegando el cadáver al Santuario y parroquia expresada, se hizo el Oficio sepulcral, y se colocó entre la pared del presbiterio al lado del Evangelio, bajo una estatua bien trabajada de Su Ilustrísima, que lo representa arrodillado venerando a la Santísima Virgen.

No son explicables las justas demostraciones de dolor con que toda esta ciudad manifiesta cuánto siente la pérdida de su amado Padre y Pastor, cuyas acciones están llenas de caridad hacia su grey y las relevantes prendas inmortalizarán su nombre.[11]

 

3.    Un sepulcro y una escultura para el Prelado

 

Según quedó consignado en la crónica de la Gazeta de Mexico, los despojos mortales del obispo Alcalde fueron depositados “entre la pared del presbiterio del lado del Evangelio bajo una estatua bien trabajada”. Si nos ceñimos a tal afirmación, sería lógico pensar que el féretro fue empotrado en el muro del recinto, tal como hasta el presente se tiene como referencia, sin embargo, la misma expresión “bajo una estatua bien trabajada de Su Ilustrísima que lo representa arrodillado” nos disuade a considerar el empotrado del cuerpo como una certeza.

Las pruebas documentales posteriores pueden aclarar esto aún más.

En el Inventario general de todas las cosas que pertenecen a la iglesia parroquial del Santuario de Guadalupe que entregó el párroco saliente, el Pbro. D. Jesús López, al señor cura interino Pbro. D. Juan Gómez, el 16 de mayo1865, refiere respecto al altar mayor lo siguiente:

 

Al extremo del [arco de] medio punto y a la derecha, en una tarima de madera sobre cojín de madera, está colocada una estatua que representa al Ilmo. Señor Alcalde.

Al extremo opuesto en igual tarima y cojín está colocado el sombrero de Su Señoría Ilustrísima.[12]

A la derecha del altar, en zócalo y bajo una lápida de mármol se encuentra el venerable cadáver del mismo Ilustrísimo Señor Alcalde.

 

Casi 10 años más tarde, el 31 de agosto de 1874, el párroco saliente, don Manuel Portillo, entregó en inventario de bienes al nuevo párroco, don Mauricio M. López, “la estatua del Ilmo. Sr. Obispo Alcalde y su sombrero”.[13] Del mismo modo, hacía saber que en el altar mayor se encontraba “un zócalo con lápida de mármol en que se depositó el cadáver del Ilustrísimo Señor Alcalde”.[14]

Esa efigie del Señor Alcalde a la que se hace alusión es la que fue colocada sobre el sepulcro “pocos días después [de su muerte], una estatua del Señor Obispo representándolo arrodillado”.[15] La escultura en cuestión siguió siendo inventariada en los listados sucesivos del año de 1884[16] y de 1892.[17] En éste, se hace referencia de que al frente de la escultura hay “una repisa en que está en un cojín el sombrero que él usaba”. [18] Además de esos dos objetos, en el mismo inventario, se daba noticia de que en el cuerpo de la iglesia se encontraba también “un cuadro que representa al Ilustrísimo Señor Alcalde.”[19]

Como dato relevante, para ese año, en que se celebraba el centenario de la muerte del Obispo Alcalde, se había colocado una estructura monumental que contenía el obelisco que el prelado había puesto en la fuente pública del jardín frente al Santuario de Guadalupe, todo costeado gracias a un vecino del barrio, D. Narciso Corvera.[20] Inventariado el monumento, se decía de él lo siguiente:

 

Dentro del atrio, y al lado derecho se encuentra un monumento levantado al Ilustrísimo Señor Alcalde. Está compuesto de una plataforma en la cual hay varios cuadros con plantas: una base de cantera con inscripciones en mármol y el busto del Ilustrísimo Señor, y un monolito con sus cuatro tortugas bordean el monumento cadenas de hierro y varios faroles.[21]

 

4.    Un nuevo sepulcro para el obispo

 

Sin demeritar los trabajos de ningún otro eclesiástico, pero en orden a la verdad, después de fray Antonio Alcalde ningún clérigo ha hecho tanta obra material por el Santuario de Guadalupe, a excepción del Pbro. D. Miguel Medina Gómez, el cual recibió su nombramiento como párroco del Santuario el día 1º de julio de 1892.[22]

Este memorable párroco comenzó su administración solicitando a la Sagrada Mitra la venia para la solemne consagración del templo el día 2 de mayo de 1893,[23] solicitud que fue concedida y se procedió a ejecutar el 24 de mayo del mismo año, siendo el consagrante el Ilustrísimo Señor doctor don Ignacio Díaz, primer obispo de Tepic.[24]

Cinco meses más tarde, la siguiente etapa de su obra material sería solicitar la concesión para construir la cúpula, esto en razón “a que dé hermosura al mismo templo y la luz que notoriamente falta a la Venerable Imagen de María Santísima de Guadalupe.”[25] La solicitud hecha el 7 de octubre de 1893 expresaba el comisionado para ejecutar tal proyecto sería el ingeniero don Manuel Pérez Gómez.[26] La solicitud fue despachada favorablemente dos días después por el obispo don Pedro Loza y Pardavé.[27]

Una vez aventajados los trabajos de la cúpula, las labores constructivas pasaron a enfocarse en el interior del recinto. El 7 de agosto de 1896, en el 104 aniversario de la muerte del Obispo Alcalde, el párroco don Miguel Medina Gómez recibió respuesta de su antecedente petición hecha al Arzobispado, la cual concedía lo siguiente:

 

Licencia para reformar el Altar Mayor.

 

Señor Cura del Santuario de Guadalupe, Presbítero don Miguel Medina Gómez.

Concedo la licencia que en oficio de ayer solicita para reformar el Altar Mayor de este templo parroquial de su cargo, supuesto que, como Usted mismo me lo expresa, tal obra nueva en nada ha de influir para que se retarde la que está en ejecución de la cúpula. Espero que me sea presentado, como me lo ofrece, el diseño del nuevo altar, para su aprobación.

Dios Nuestro Señor guarde a Usted muchos años. Guadalajara. Agosto 7 de 1896. Pedro, Arzobispo de Guadalajara. Una rúbrica. Al margen un sello que dice: “Gobierno Eclesiástico del Arzobispado de Guadalajara.

Es fiel copia de su original.

Miguel Medina Gómez [rúbrica].[28]

 

Concedida la venia, algunos meses después los trabajos de remodelación del Altar mayor tuvieron que intervenir en el espacio asignado como sepulcro del obispo Alcalde. Fue así que, 105 años tras ser colocado en su sitio, fue exhumado con toda la reverencia posibles; prueba de ello tenemos en el testimonio del hecho que fue consignado en el Libro de Gobierno, testimonio que nos pone de manifiesto el estado en el cual fueron encontrados los despojos del prelado:

 

Acta de exhumación de los restos del Ilustrísimo Señor doctor don Fray Antonio Alcalde, con motivo de la nueva construcción del Altar Mayor.

 

En esta parroquia del Santuario de María Santísima de Guadalupe, a los veinticuatro días del mes de noviembre de mil ochocientos noventa y siete, a las diez horas, treinta minutos de la noche: siendo el segundo Arzobispo de esta Metrópoli el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor doctor don Pedro Loza y Pardavé; reunidos en el recinto del templo el Párroco de este Santuario, Presbítero don Miguel Medina Gómez, los Padres Ministros Presbíteros don Agustín Vargas y Tomás Silva, y el Muy Reverendo Padre Franciscano Fray Pascual del Niño Jesús Avelar, perteneciente al Colegio Apostólico de Zapopan, y dos mozos, se procedió a practicar la exhumación del cadáver del Ilustrísimo y Reverendísimo Señor doctor don Fray Antonio Alcalde, insigne Obispo de Guadalajara y Apóstol de la caridad, a cuyo celo por la gloria de Dios y amor a la Santísima Virgen María de Guadalupe, milagrosamente aparecida en nuestra Patria, se le debe la fundación de este Santuario; practicándose dicha exhumación por motivo de la reconstrucción del altar mayor, a cuyo lado derecho se encontraba sepultado, bajo una bóveda de ladrillo, construida a la altura de cincuenta centímetros sobre el pavimento del presbiterio, y señalada por piedra de mármol, con una inscripción en letras doradas, que es la misma que se conserva hasta el presente. Se procedió primero a levantar la expresada lápida de mármol, y en seguida otra piedra de cantera que cubría la gaveta. Se encontró el cadáver encerrado en una caja de madera, forrada en género de color morado, hallándose abierta dicha caja (y sus dos llaves encima de ella), pues los cerrojos se habían saltado a causa de la putrefacción de la madera. El cadáver se halla enteramente reducido a polvo, si bien los huesos están perfectamente acomodados. En el cráneo se observa el solideo: tiene en la mano derecha una azucena; conserva su anillo y cruz pectoral, todo sobremanera humilde; tiene casulla morada y el alba está completamente consumida. Conserva igualmente el calzado, ya muy deteriorado. El estado de la caja revela ser la primitiva en que fue colocado a su fallecimiento y que nadie ha cambiado jamás. Una vez exhumado, se llevó el cadáver a una de las piezas de este Curato, donde se le conserva mientras se le prepara de nuevo el sepulcro en que ha de ser inhumado. Y para constancia de todo lo practicado, firmamos esta Acta los Sacerdotes presentes.

Santuario de Santa María de Guadalupe

Guadalajara. Noviembre 24 de 1897.

 

Miguel Medina Gómez [rúbrica]

Agustín Vargas [rúbrica][29]

 

Por espacio de casi un mes, el féretro exhumado permaneció en una de las piezas del curato, ubicado al lado oriente del Santuario; una vez terminados los trabajos en el sitio se procedió a inhumar los restos con el debido respeto y decoro. De forma que fue en el mismo sitio de su sepultura donde fue de nuevo colocado, solamente que 1 metro 42 centímetros más abajo en referencia a su primera inhumación. El testimonio fue el siguiente:

 

Acta de inhumación de los restos del Ilustrísimo Señor doctor don Fray Antonio Alcalde, exhumados de su antiguo sepulcro el día 24 de noviembre de 1897.

 

En la parroquia del Santuario de Santa María de Guadalupe de esta ciudad, a los veintidós días del mes de diciembre de mil ochocientos noventa y siete, y a las diez horas de la noche, reunidos los que subscribimos, el Presbítero Miguel Medina Gómez, Cura interino de esta parroquia, el Señor Presbítero don Ignacio Zermeño, Capellán del Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Arzobispo, el Señor don Francisco Orozco y los Señores Presbíteros don Agustín Vargas, don Tomás Silva y don Aurelio Mendoza, ministros de esta misma iglesia parroquial, procedimos a practicar la inhumación de los restos del Ilustrísimo Señor doctor don Fray Antonio Alcalde, exhumados el día veinticuatro del próximo pasado noviembre, como consta del Acta respectiva. El sepulcro fue construido en el mismo sitio, pero un metro cuarenta y dos centímetros más bajo de donde primero se encontraba, a la derecha del Altar Mayor. Se hizo una caja en blanco, de mayores dimensiones que la que encierra el cadáver del Venerable Prelado, y en ella se colocó intacta, tal y como fue exhumada, la caja que contiene los restos. Los sacerdotes presentes tanto en la exhumación como en la inhumación, y los que solamente asisten a esta última, certificamos hallarse el cadáver tal como se ha indicado en la Acta de exhumación. Y para constancia de todo esto, firmamos la presente después de haber dejado perfectamente cerrado el sepulcro con losas de cantera. Santuario de Santa María de Guadalupe. Guadalajara. Diciembre 22 de 1897.

 

Miguel Medina Gómez [rúbrica]

Aurelio Mendoza [rúbrica]

Agustín Vargas [rúbrica][30]

 

Una vez terminados los trabajos del altar mayor y presbiterio, en el mes de noviembre de 1904 se procedió a solicitar la autorización para consagrar el altar y hacer la solemne coronación de la imagen de la Virgen de Guadalupe, que sería nuevamente colocada en su sitio.[31] Para esta fecha, de igual forma, ya habían quedado terminados los trabajos de la construcción de la cúpula.[32]

 

5.    Honrar la memoria de tan insigne prelado

 

Tres meses después de la muerte del fraile dominico, los curatos de la Nueva Galicia volvían a vestir el luto, pues en fecha acordada, los días 9 y 10 de noviembre, se celebraron las honras fúnebres del obispo Alcalde en la catedral y las parroquias del Obispado. En catedral “predicó el sermón castellano el señor tesorero doctor don Juan José Moreno, y la oración latina el señor prebendado Marqués del Pánuco, doctor don Apolinario Vizcarra”.[33]

No fue hasta el centenario de su muerte, en 1892, cuando de manera conjunta, el H. Ayuntamiento de la ciudad, el cabildo catedralicio, el párroco del Santuario y la sociedad civil organizada unieron fuerzas y se agruparon en la denominada Sociedad Alcalde,[34] a fin de establecer un programa para marcar de manera jubilosa la efeméride. Para ello, solicitaron diversas actividades: Primera, “dirigir al Obispo de esta Arquidiócesis, D. Pedro Loza […] fuesen exhibidos en una exposición ad hoc los objetos pertenecientes al Sr. Alcalde, que se conservan en algunas iglesias de esta ciudad”.[35] Segunda, solicitaron al Venerable Cabildo catedralicio “una solemne Misa de acción de gracias con Te Deum, que se celebraría el 6 de agosto en la Catedral y con suntuosas exequias y una oración fúnebre, que se verificaría el día 7”.[36] Tercera, la realización de un certamen de belleza entre las damas de la ciudad “especialmente de las más distinguidas familias, para que cooperasen al mayor lucimiento del centenario.”[37] Cuarta, dirigir al Ayuntamiento comunicaciones en demanda de recursos económicos para solventar los gastos de las festividades. Quinta. “nombrar una comisión del seno de la Junta que se encargase de formular el programa general de las festividades proyectadas”.[38] Sexta y última, se acordó la celebración de un certamen artístico-literario, idea del señor don Alberto Santoscoy: “un retrato, un himno musical, una poesía latina, una poesía castellana, una biografía y una memoria histórica, todo lo relativo a la persona, vida y hechos del señor Alcalde”.[39] Todas estas actividades se llevaron con gran esplendor los días 7, 8 y 9 de agosto del año de 1892.

Después de dos décadas, en misiva firmada el 5 de agosto de 1915, el recién llegado como sucesor de don Miguel Medina Gómez, don Lorenzo Altamirano, solicitó en su calidad de párroco del Santuario de Guadalupe “la celebración a perpetuidad del aniversario fúnebre de la muerte del Ilustrísimo Señor Alcalde el 7 de agosto”.[40] Con esto buscaba ofrecer rogativas y sufragios por tan insigne prelado que reposaba en su recinto parroquial. La solicitud fue la siguiente:

 

Al margen, un sello que dice: “parroquia del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, Guadalajara”. Dentro: “de algún tiempo a esta parte, vengo refiriendo en que aquí nada hay establecido para honrar la santa memoria del Ilustrísimo Sr. Obispo Don Fray Antonio Alcalde, fundador insigne y patrono de este venerable Santuario de Santa María de Guadalupe, en donde se conservan sus sagrados restos, así como también del curato del mismo nombre, y por su ardiente caridad hacia los desvalidos, benemérito de la ciudad y del, en aquel entonces, obispado de Guadalajara. Por tanto, deseoso de subsanar tal defecto, he resuelto dejar establecida a perpetuidad una Misa solemne de Requiem en este mismo santuario año por año el 7 de agosto, fecha del año 1792 en que falleció el señor Alcalde, la cual Misa se ofrecerá en sufragio de su alma y, si por ventura, como debemos creerlo, ya no ha menester sufragios por hallarse en el cielo, ¿quién duda que los honores fúnebres tributados a su grata memoria contribuirán en gran medida a que el santo prelado se intérese más y más delante de Dios a fin de obtener de Su Divina Majestad el remedio de los gravísimos males que hoy por hoy padece la Iglesia mexicana y particularmente ésta de Guadalajara?[41] En virtud de lo expuesto, confío en que Vuestra Señoría aprobará mi pensamiento y se dignará, como humildemente lo pido, autorizarme para disponer al efecto de la suma necesaria (que no excederá los 15 pesos) tomándola por partes iguales del obvencionario y fábrica espiritual de este curato. En lo cual espero recibir especial merced. Protesto de obediencia y respeto, rogando a Dios Nuestro Señor guarde a Vuestra Señoría muchos años.

Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe

Ciudad, agosto 5 de 1915

El párroco

Lorenzo Altamirano, rúbrica.[42]

 

La respuesta de la autoridad eclesiástica encabezada por el gobernador de la Sagrada Mitra no se hizo esperar, pues al día siguiente, 6 de agosto, se había despachado favorablemente la misiva en estos términos:

 

Muy Ilustre Señor Gobernador de la Sagrada Mitra

Presente.

Al margen un sello que dice: “Gobierno eclesiástico del Arzobispado de Guadalajara”. Dentro: Guadalajara, agosto 6 de 1915. Siendo muy justa, laudable y bien fundada la solicitud que antecede, con gusto accede esta Superioridad a ella, autorizando al Señor Cura de la parroquia del Santuario de Guadalupe para que establezca a perpetuidad el aniversario de la muerte del Ilustrísimo Sr. D. Fray Antonio Alcalde, y se faculta al referido párroco para que tome la suma de quince pesos del obvencionario y de la fábrica espiritual por partes iguales para los gastos.

Transcríbase esta providencia en el Libro de Gobierno para que haya constancia en todo tiempo.

Así el Señor Gobernador de la Sagrada Mitra lo decretó y firmó.

M. Cano, rúbrica

Pbro. J. Trinidad Santiago, rúbrica Srio int.

Copiado fielmente del original.

El párroco Lorenzo Altamirano, rúbrica[43]

 

Por lo que a nuestro saber alcanza, el padre Lorenzo Altamirano permaneció como párroco hasta marzo de 1918.[44] Al menos durante tres años consecutivos logró dar fiel cumplimiento a lo ordenado por la superioridad eclesiástica, sin embargo, en lo sucesivo ya no tenemos más noticias de celebraciones referentes al aniversario luctuoso del prelado dominico.

No fue sino hasta el 18 de julio de 1942 cuando nos llegan noticias de que el Venerable Cabildo decide solicitar al Arzobispo don José Garibi Rivera la oportunidad de celebrar con solemnidad el 150 aniversario luctuoso del Obispo Alcalde. El Arzobispo respondía que “estaba completamente de acuerdo que el solemne funeral se celebre en la Catedral Basílica y a cargo de esa H. Corporación, la cual sería conveniente que tuviera alguna inteligencia con el señor cura Ruíz Vidaurri para la mayor coordinación para los actos que habrían de celebrarse con este motivo”.[45]

Una vez comunicado el Señor Cura J. Jesús Ruíz Vidaurri de la conmemoración orquestada por el Cabildo, envió otra misiva en la que expresó al Arzobispo sobre los actos conmemorativos que tendrían lugar en la Parroquia del Santuario, que consistían en el ofrecimiento de la “comunión general por parte de las Corporaciones parroquiales, Misa solemne de función a las 10 hrs. En la que ocupó la cátedra sagrada el Sr. Pbro. D. Ramiro Camacho”.[46]

No fue hasta fechas recientes cuando de nuevo volvió a darse cumplimiento al olvidado decreto del año 1915 referente a la conmemoración a perpetuidad del aniversario luctuoso del Obispo Alcalde. Y así, desde el año 2013, por moción del Ilustrísimo Señor Canónigo don J Guadalupe Dueñas Gómez, que desde su nombramiento como párroco del Santuario de Guadalupe decidió conmemorar la memoria de fray Antonio Alcalde con un triduo los días 5, 6 y 7 de agosto, culminando con una solemne concelebración eucarística, y amenizados estos días con eventos de corte cultural, conmemoración que hasta la fecha se ha mantenido.

 



[1] Presbítero del clero de Guadalajara, es miembro del Departamento de Estudios Históricos de la Arquidiócesis tapatía y es autor de los libros Un pueblo de raíz tecuexe y San José Isabel Flores y la comunidad católica de Matatlán.

[2] Archivo Histórico del Cabildo Eclésiástico de la Catedral de Guadalajara (en lo sucesivo AHCECG), Libro de Cabildo 12 Años (1759-1781), f. 113 v. La versión  paleográfica de este documento la hicieron dos egresados de la licenciatura en historia, Aldo Serrano Mendoza y Adriana Estrella.

[3] Id.

[4] Ibid., f. 118 r.

[5]  Ibid., f. 113 v.

[6] Archivo del Centro de Estudios de Historia de México Fundación Carlos Slim, Fondo I, Cedulario de la Nueva Galicia 1636-1816, Clasificación I.7.307.1-9., f. 1 v.

[7] Ibid., 1v -2r.

[8] Esta disposición del cobro porcentual fue avalada por el monarca  conforme a la real cédula del 21 de diceiembre de 1763.

[9]  ACEHMFCS, Fondo I, "Cedulario de la Nueva Galicia 1636-1816, Clasificación I.7.307.6-9., f. 1 r. – 1 v.

[10] Luis Pérez Verdía, Vida del Ilmo. Sr. Don Fray Antonio Alcalde, “el fraile de la calavera”, Guadalajara, Antigua Imprenta de N. Parga, 1893. P. 54

[11] Gazeta de Mexico, Tomo V, Núm. 16, 21 de agosto de 1792, p. 141-142.

[12] Archivo Histórico de la Parroquia del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, (en lo sucesivo AHPSNSG), Libro de Gobierno I, años (1864-1919), f. 6r- 6v.

[13] Ibid., f. 29 v.

[14] Ibidem.

[15] Luis Pérez Verdía, op.cit. p. 57.

[16] AHPSNSG, Libro de Gobierno I, años (1864-1919), f. 48 v.

[17] Ibid., f. 61 r.

[18] Ibid., f. 61 v.

[19] Ibíd., f. 62 r.

[20]  El Centenario Alcalde, breve relación de las fiestas celebradas en esta ciudad…, Imprenta de la República Literaria, Guadalajara, 1892, p. 7.

[21] AHPSNSG, Libro de Gobierno I, años (1864-1919), f. 63 r.

[22] Ibid., f 67 r.

[23] Ibid., f. 68 v.

[24] Ibid., f. 72 v.

[25] Ibid., 75 r.

[26] Ibid., f. 75 v.

[27] Ibid., f. 76 v.

[28] Ibíd., f. 82 r - 82 v.

[29] Ibid., f. 82 v- 83 v.

[30] Ibid., f. 84 r – 84 v.

[31] Ibid., f. 102 v.

[32] Ibid., f. 106 r.

[33] Luis Pérez Verdía, op.cit. p. 57.

[34] El Centenario Alcalde, breve relación de las fiestas celebradas en esta ciudad…, Imprenta de la República Literaria, Guadalajara, 1892, p. 10.

[35] Ibid., p. 11.

[36] Ibid., p. 11-12.

[37] Ibid., 12.

[38] Id.

[39] Id.

[40] AHPSNSG, Libro de Gobierno I, años (1864-1919), f. 110 v.

[41] Fue entre el 6 y 8 de julio de 1914 cuando las tropas revolucionarias asaltaron la ciudad de Guadalajara y ocasionaron una persecución religiosa, y con ello innumerables destrozos en los inmuebles y propiedades eclesiásticas, este episodio es conocido como la toma de Guadalajara.

[42] AHPSNSG, Libro de Gobierno I, años (1864-1919), f. 110 v. -111 v.

[43] Ibid., f. 111 v.

[44] Ibid., f. 116 r.

[45] AHPSNSG, Libro de Gobierno II, años (1927-1960), f. 120 r.

[46] Ibid., f. 122 v.



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